
Para que me entiendan, a veces me siento como el tipo de la foto. El que está en el suelo, no el que lo arrastra hasta el coche. Esto de llevar un blog te obliga a vivir con el piloto automático puesto las veinticuatro horas del día, cazando frases en conversaciones ajenas, tomando apuntes mentales al leer la prensa, rumiando mientras conduces y manteniéndote alerta durante el periodo vacacional. Todo para recopilar ideas que luego se puedan plasmar en un post más o menos decente de medio millar de palabras arriba o abajo. Uno no se da cuenta de que lleva el modo bloguero ON permanentemente encendido hasta pasados unos meses, pero para entonces el proceso ya es irreversible y, aunque lo disfrutas enormemente, es justo en ese instante cuando por primera vez surge la funesta idea que a todo bloguero de pro le ha atizado la sesera más tarde o más temprano: “un día de éstos lo dejo”. Pero como te gusta, y sobre todo por respeto a tus comentaristas habituales, pospones la idea y sigues hasta la extenuación.
Cuando empecé esta bitácora en la otra punta de la blogosfera me concedí un plazo de tres años para ver hasta dónde llegaba. La cosa fue en abril de 2005 y por aquel entonces ya calculé que no sería ni rico ni famoso al cumplirse la fecha, aunque me prometí a mí mismo que si lograba fidelizar a una audiencia fija a lo largo de este periodo me mantendría en activo como mínimo hasta abril del 2008 y entonces decidiría. Y, lo que son las cosas, el tiempo vuela y parece que el momento ha llegado: personalmente tengo la sensación de fin de ciclo, o de haber quemado una etapa. A lo largo de estos tres años aquí se ha hablado de lo divino y de lo humano, de lo trascendental y de lo intrascendente, de las cosas serias y de las cosas frívolas; se han comentado noticias curiosas, absurdas y directamente demenciales; se han abordado casi todos los temas de forma irónica (en alguna ocasión habrá salido un post semiserio); hemos pasado buenos ratos y se han montado debates de envergadura. Al final lo que queda es un puñado de escritos (la mayoría malos, algunos pasables y uno o dos bastante potables) y un montón de buenos amigos, pero seguir dándole vueltas a lo mismo una y otra vez termina por perder todo el sentido, porque mis puntos de vista son de sobra conocidos. En otras palabras, que tengo la sesera vacía, que me ha abandonado la musa o que siento que este blog se está muriendo lentamente y no hay nadie en la UVI con los santos cojones de desconectar la máquina.
De un tiempo a esta parte ya no me inspiran las noticias, las conversaciones no me ofrecen material de debate y cuando conduzco mi mente divaga entre cuestiones filosóficas que difícilmente entrarían en esta bitácora, y además ustedes no han hecho nada para que les dé el coñazo de una forma tan insufrible. Sé que muchos se pasan por aquí a diario, sé que algunos incluso comentan obligados por la cortesía y me consta que muchos otros leen en silencio y me enlazan desde la distancia. A todos, gracias. El camino llega a su fin y éste no es el típico post de “oye que lo dejo” para que ipso-facto surjan treinta comentarios animándome a continuar y yo me ponga en plan “bueeeeeno, vaaaaa, mañana seguimos”. Esta vez no. La decisión ha sido meditada y además ahora sí me falta el tiempo para bloguear, cosa que antes no sucedía. Mi jornada cada día anda más llena y el blog me resta horas para hacer las cosas que más me gustan, entre ellas leer. Y claro, si no lees se te agota la fuente de la inspiración y ya no escribes. Por tanto, toca frenar y volver a recuperar aquellos placeres que en su día me llevaron a abrir esta página, porque ahora mismo el pozo anda más seco que un pantano del Pallars.
¿Y ahora qué sucederá? De entrada, que a este blog le caducará el dominio en octubre de este mismo año. Cuando doctorjota.com pase a la historia quedará almacenado en doctorjota.wordpress.com (donde también pueden encontrarlo actualmente: les recomiendo que fijen sus “favoritos” ahí si pretenden conservarlo ad eternum) para quien le guste tirar de hemeroteca y recordar los buenos momentos. Como no pienso borrarlo, aquí lo tendrán para que puedan enlazarlo como mejor les plazca y para que sigan añadiendo sus comentarios en las entradas que consideren que valgan la pena. Doctor Jota morirá, pero no su alter-ego en el mundo real al que, conociéndole, seguro que un día no muy lejano abrirá una nueva bitácora tan buen punto le vuelva a entrar el gusanillo. Una bitácora sin presiones, con pocas visitas, donde volver a comenzar el periplo con la ilusión de un principiante hasta que logre consolidar un nuevo estilo. Les mantendré informados si eso sucede, pero de momento aquí lo dejo. Mis conclusiones tras estos tres años son:
- Un post diario con un cierto contenido es un coñazo sólo apto para enfermos.
- Lo mejor de la blogosfera son los comentaristas: el blog a la larga se convierte meramente en una excusa.
- Ahí fuera hay un mundo repleto de personas reales con el que comentar todas estas tonterías en voz alta: búsquenme por ahí, que si me encuentran organizaremos una tertulia de narices, y sin pulsar el F5.
Cuídense, tengan salud y gracias por participar. Nos volveremos a ver, seguro, pero mientras tanto no se olviden de estas tres temporadas, porque tal vez en un futuro nos topemos por azar y riendo comentaremos aquello de “yo era de los del Doctor Jota”.